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Análisis en el mundo - Libertad religiosa en los Estados musulmanes
Escrito por Jeff Jacoby   
Miércoles, 11 de Octubre de 2006 16:14

Mientras fallecía en un hospital de Mogadiscio, la hermana Leonella perdonó a sus asesinos. Llevaba casi cuatro décadas viviendo en África y sabía hablar somalí con fluidez, pero sus últimas palabras fueron murmuradas en italiano, su lengua materna. "Perdono, perdono", suspiró.

Tenía 65 años y había dedicado su vida al cuidado de madres y niños enfermos. Estaba de camino a reunirse con otras tres monjas para comer el domingo cuando dos hombres armados le dispararon varias veces por la espalda. "Su tiroteo no fue un ataque aleatorio", informaba Associated Press. "Incrementa la preocupación" de que ella sea la última víctima del "creciente radicalismo islámico del país".

¿Incrementa la preocupación? La hermana Leonella fue abatida menos de dos días después de que un destacado clérigo somalí hubiera llamado a los musulmanes a matar al Papa Benedicto XVI por sus declaraciones acerca del Islam en una conferencia académica la semana pasada.

"Os animo, musulmanes, donde quiera que os encontréis, a dar caza al Papa por sus bárbaras declaraciones", exhortó a los fieles el jeque Abubukar Hassán Malin durante las oraciones del viernes en una mezquita de Mogadiscio. "Quienquiera que ofenda a nuestro profeta Mahoma debe ser asesinado inmediatamente por el musulmán más próximo". La hermana Leonella no era el Papa, pero presumiblemente estaba lo bastante cerca a efectos de los jihadistas locales.

Si no fuera tan enfermizo, sería ridículo: una línea del discurso del Papa sugiere que el Islam tiene un oscuro historial de violencia y los ofendidos musulmanes airean su disconformidad clamando por su muerte, lanzando bombas incendiarias contra iglesias y atacando a inocentes cristianos. Una de las ideas que Benedicto estableció en su discurso de la Universidad de Regensburg era que la fe religiosa desvinculada de la razón podía llevar al salvajismo. Esos tumultos que lo denuncian no podrían haber hecho un trabajo mejor a la hora de demostrar que está en lo cierto.

En su conferencia, Benedicto citaba al difunto emperador bizantino Manuel II, que había condenado la militancia del Islam con estas palabras: "Muéstreme lo que aportara Mahoma que fuera nuevo, y ahí solamente encontrará cosas perversas e inhumanas, tales como su orden de extender mediante la espada el credo que profesaba".

En el estallido consiguiente, los musulmanes británicos se manifestaban en los exteriores de la Catedral de Westminster con pancartas que rezan "Papa al infierno" y "el Islam conquistará Roma", al tiempo que el director de la Sociedad de Abogados Musulmanes declaraba que el Papa "tiene que ser objeto de pena capital". En Irak, el radical Ejército del Mujahidín llamaba a "aplastar las cruces en la casa del perro de Roma" y el Consejo Shura Mujahidín juraba "continuar nuestra jihad y no cejar nunca hasta que Alá nos disponga cortar vuestros cuellos". En Cisjordania, incendiarios prendían fuego a iglesias y un grupo que se autodenomina "La Espada del Islam" abría fuego contra una iglesia ortodoxa griega de Gaza y difundía una advertencia: “Si el Papa no aparece en televisión y se disculpa por sus comentarios, volaremos por los aires todas las iglesias de Gaza".

En realidad, el Papa sí se había disculpado más de una vez, destacando que las palabras que había citado "no expresan en ningún sentido mi pensamiento personal" y decía "lamentar profundamente" que los musulmanes se hubieran ofendido. El que pare o no esta estudiada agitación está por verse. Pero sólo es cuestión de tiempo que estalle la siguiente.

Esta vez fue una cita del siglo XIV de un gobernador bizantino lo que accionó –o mejor, lo que fue explotado por parte de los agitadores islamistas para detonar– las manifestaciones internacionales, las amenazas de muerte y la violencia. A comienzos de este año, fueron las viñetas acerca de Mahoma en un diario danés. El año pasado fue una noticia de Newsweek, desmentida más tarde, de que un Corán había sido profanado por un interrogador norteamericano en Guantánamo. Antes de eso fue el comentario de Jerry Falwell en 60 minutos de que Mahoma era "un terrorista". Allá por 1989 fue la publicación de la novela satírica de Salman Rushdie Los versos satánicos.

En todos los casos, el pretexto para la ira musulmana fue que el Islam había sido insultado. La libertad de expresión fue irrelevante: los alborotadores –y aquellos que los incitan– exigen que no se permita a nadie denigrar al Islam o a su profeta pero insultan de manera rutinaria al cristianismo, al judaísmo y a las demás religiones. Es un doble rasero escandaloso, pero parece que hay demasiados en Occidente dispuestos a colaborar con él. No hay más que contemplar los editoriales de los periódicos norteamericanos esta semana criticando al Papa por su discurso, o recordar la condena del Departamento de Estado a las viñetas danesas el pasado invierno.

Por supuesto, no se debería ofender gratuitamente el credo de nadie. Pero el verdadero insulto al Islam no es una línea de un discurso papal o una viñeta acerca de Mahoma. Es la violencia, el terror y los baños de sangre que los fanáticos islamistas desatan en nombre de su religión y la reticencia de la mayor parte de los musulmanes del mundo a decir o hacer algo para detenerlos.

Autor: Jeff Jacoby, columnista del Boston Globe.

 

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