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Discurso ante las autoridades del Estado en el Palacio del Elíseo (París) PDF Imprimir Correo
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Documentos - Documentos de la Iglesia Católica
Escrito por Benedicto XVI   
Domingo, 14 de Septiembre de 2008 22:14

Viaje apostólico
a Francia con ocasión del 150 aniversario
de las apariciones de Lourdes

Ceremonia de bienvenida y encuentro con las autoridades del Estado
Discurso del Santo Padre Benedicto XVI (selección de textos)

Señor Presidente,
Señoras y Señores, queridos amigos

Al pisar el suelo de Francia por vez primera desde que la providencia me llamó a la Sede de Pedro, me ha emocionado y honrado la calurosa acogida que me han brindado. Le estoy muy agradecido, Señor Presidente, por la cordial invitación que me hizo para visitar su país, así como por las amables palabras de bienvenida que acaba de dirigirme. ¿Cómo no recordar la visita que Vuestra Excelencia me hizo en el Vaticano hace nueve meses? Por su medio, saludo a todos los habitantes de este país con una historia milenaria, un presente rico de acontecimientos y un porvenir prometedor. Sepan que Francia está a menudo en el corazón de la oración del Papa, que no puede olvidar lo que ella ha aportado a la Iglesia a lo largo de los pasados veinte siglos. La razón primera de mi viaje es la celebración del ciento cincuenta aniversario de las apariciones de la Virgen María, en Lourdes. Deseo unirme a la incontable muchedumbre de peregrinos de todo el mundo que llegan a lo largo de este año al santuario mariano, animados por la fe y el amor. Es una fe, es un amor que deseo celebrar en su país, durante las cuatro jornadas de gracia que podré pasar aquí.

El Papa Benedicto XVIMi peregrinación a Lourdes debía pasar por París. Su capital me es familiar y la conozco bastante bien. A menudo he estado aquí y, a lo largo de los años, por causa de mis estudios y responsabilidades anteriores, he hecho buenas amistades humanas e intelectuales. Vuelvo con alegría, feliz por la oportunidad que se me presenta de homenajear el imponente patrimonio de cultura y de fe que ha fraguado su país de manera espléndida durante siglos y que ha dado al mundo grandes figuras de servidores de la Nación y de la Iglesia, cuyo magisterio y ejemplo han traspasado vuestras fronteras geográficas y nacionales para dejar su huella en el mundo. Durante su visita a Roma, Señor Presidente, Usted ha recordado que las raíces de Francia, como las de Europa, son cristianas. Basta la historia para demostrarlo: desde sus orígenes, su País ha recibido el mensaje del Evangelio. Aunque a veces carezcamos de documentación, consta fehacientemente la existencia de comunidades cristianas en las Galias desde una fecha muy lejana: ¡cómo no recordar sin emoción que la ciudad de Lión tenía ya obispo a mediados del siglo II y que San Ireneo, autor de Adversus haereses, dio un testimonio elocuente de la robustez del pensamiento cristiano! Ahora bien, san Ireneo vino de Esmirna para predicar la fe en Cristo resucitado. Lión tenía un obispo cuya lengua materna era el griego: ¡qué signo tan hermoso de la naturaleza y destino universales del mensaje cristiano! Implantada en época antigua en vuestro país, la Iglesia ha jugado un papel civilizador que me es grato resaltar en este lugar. Usted mismo hizo alusión a él en su discurso en el Palacio de Letrán el pasado mes de diciembre y hoy nuevamente. Transmisión de la cultura antigua a través de monjes, profesores y amanuenses, formación del corazón y del espíritu en el amor al pobre, ayuda a los más desamparados mediante la fundación de numerosas congregaciones religiosas, la contribución de los cristianos a la organización de instituciones de las Galias, posteriormente de Francia, es sabido más que de sobra para no tener que recordarlo. Los millares de capillas, iglesias, abadías y catedrales que adornan el corazón de vuestras ciudades o la soledad de vuestras tierras son signo elocuente de cómo vuestros padres en la fe quisieron honrar a Aquel que les había dado la vida y que nos mantiene en la existencia.

Numerosas personas, también aquí en Francia, se han detenido para reflexionar acerca de las relaciones de la Iglesia con el Estado. Ciertamente, en torno a las relaciones entre campo político y campo religioso, Cristo ya ofreció el criterio para encontrar una justa solución a este problema al responder a una pregunta que le hicieron afirmando: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mc 12,17). La Iglesia en Francia goza actualmente de un régimen de libertad. La desconfianza del pasado se ha transformado paulatinamente en un diálogo sereno y positivo, que se consolida cada vez más. Un instrumento nuevo de diálogo existe desde el 2002 y tengo gran confianza en su trabajo porque la buena voluntad es recíproca. Sabemos que quedan todavía pendientes ciertos temas de diálogo que hará falta afrontar y afinar poco a poco con determinación y paciencia. Por otra parte, Usted, Señor Presidente, utilizó la bella expresión “laicidad positiva” para designar esta comprensión más abierta. En este momento histórico en el que las culturas se entrecruzan cada vez más entre ellas, estoy profundamente convencido de que una nueva reflexión sobre el significado auténtico y sobre la importancia de la laicidad es cada vez más necesaria. En efecto, es fundamental, por una parte, insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos, como la responsabilidad del Estado hacia ellos y, por otra parte, adquirir una más clara conciencia de las funciones insustituibles de la religión para la formación de las conciencias y de la contribución que puede aportar, junto a otras instancias, para la creación de un consenso ético de fondo en la sociedad.

(...).

El ejercicio de la Presidencia de la Unión Europea es la ocasión para vuestro país de dar testimonio del compromiso de Francia, de acuerdo a su noble tradición, con los derechos humanos y su promoción para el bien de la persona y la sociedad. Cuando el europeo llegue a experimentar personalmente que los derechos inalienables del ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, así como los concernientes a su educación libre, su vida familiar, su trabajo, sin olvidar naturalmente sus derechos religiosos, cuando este europeo, por tanto, entienda que estos derechos, que constituyen una unidad indisociable, están siendo promovidos y respetados, entonces comprenderá plenamente la grandeza de la construcción de la Unión y llegará a ser su artífice activo. Señor Presidente, la tarea que os incumbe no es fácil. Los tiempos son inciertos, y es una empresa ardua vislumbrar la justa vía entre los meandros de la cotidianeidad social y económica, nacional e internacional. En particular, frente al peligro del resurgir de viejos recelos, tensiones y contraposiciones entre las Naciones, de las que hoy somos testigos con preocupación, Francia, históricamente sensible a la reconciliación entre los pueblos, está llamada a ayudar a Europa a construir la paz dentro de sus fronteras y en el mundo entero. A este respecto, es importante promover una unidad que no puede ni quiere transformarse en uniformidad, sino que sea capaz de garantizar el respeto de las diferencias nacionales y de las tradiciones culturales, que constituyen una riqueza en la sinfonía europea, recordando, por otra parte, que “la propia identidad nacional no se realiza sino es en apertura con los demás pueblos y por la solidaridad con ellos” (Exhortación Apostólica Ecclesia in Europa, n. 112). Confío que vuestro país cooperará cada vez más a que este siglo progrese hacia la serenidad, la armonía y la paz.

Señor Presidente, queridos amigos, deseo una vez más manifestar mi agradecimiento por este encuentro. Cuenten con mi plegaria ferviente por su hermosa Nación, para que Dios le conceda paz y prosperidad, libertad y unidad, igualdad y fraternidad. Encomiendo estos deseos a la intercesión maternal de la Virgen María, patrona principal de Francia. ¡Que Dios bendiga a Francia y a todos los franceses!

 

París, Palacio del Elíseo
Viernes 12 de septiembre de 2008

 

 

 

Noticias de 2010

Paquistán: una niña católica torturada, violada y asesinada

Gran conmoción ha habido entre los cristianos de Paquistán por el episodio más reciente de violencia, que demuestra que los intolerantes no se detienen ante los niños. Es el caso de Shazia Bashir, de 12 años, torturada, violada y asesinada por el dueño de la casa donde servía, un rico abogado musulmán de Lahore.

La adolescente, informa la agencia Fides (edición italiana), había nacido en una familia católica muy pobre, y trabajaba desde hacía ocho meses en la casa del abogado Chaudry Muhammad Neem. El 22 de enero fue golpeada, violada y asesinada.

En su funeral, celebrado hoy lunes en Lahore, participaron miles de personas, entre ellas obispos cristianos de todas las confesiones. También muchos musulmanes han mostrado su solidaridad por lo ocurrido.

El caso de Shazia “es solo uno de los muchos episodios de malos tratos y humillaciones que los cristianos sufren –especialmente los más pobres– cuando son empleados como trabajadores (para servicios a menudo muy humildes) en casas de musulmanes”, recuerda Fides. La menor recibía mil rupias al mes (unos 12 dólares US) con los que ayudaba a su familia, compuesta por los padres, dos hermanas casadas y un hermanito de 8 años.

Los padres afirman que desde hacía días no se les permitía ver a su hija. Tras muchas peticiones, se la devolvieron con signos evidentes de violencia y torturas. La llevaron inmediatamente al hospital Jinnah de Lahore, pero los médicos no pudieron hacer nada por salvarla. El abogado intentó comprar el silencio de los padres ofreciendo 20.000 rupias (unos 250 dólares), pero ellos denunciaron lo sucedido.

En un primer momento, la policía no quería hacer indagaciones, pero las protestas de los cristianos llevaron el caso a la atención de la opinión pública.

El presidente de Paquistán, Ali Zardari, ha ofrecido un resarcimiento de 500.000 rupias (unos 6.000 dólares) para la familia de Shazia, mientras que el ministro de los Asuntos de las Minorías, Shahbaz Batti, ha asegurado que “los culpables serán llevados ante la justicia”.

Situación insostenible

Francis Mehboob Sada, católico, director del Christian Study Center de Rawalpindi, declaró a Fides que “el trágico caso de Shazia no será el último. Es muy triste. La niña fue torturada y asesinada sin ningún motivo”. “Era joven, débil y cristiana, por tanto la víctima perfecta. Sentimos indignación por una situación que es insostenible”, añadió.

El Christian Study Center es un lugar ecuménico de documentación, estudio y reflexión, muy apreciado por su trabajo como observatorio e información sobre las condiciones de los cristianos en Paquistán.

“Los cristianos son perseguidos y no son tratados como los demás ciudadanos. Somos discriminados. En la sociedad los cristianos, especialmente de las familias pobres, sufren todo tipo de violencia y vejaciones. Hemos documentado una serie de casos que lo atestiguan. La policía y el Gobierno no hacen mucho para protegernos y, a menudo, muchos casos acaban con la impunidad”, denunció.

Según Mehboob Sada, últimamente “los cristianos han corrido el riesgo de limpieza étnica”, y viven “tiempos de inseguridad y precariedad”. “Los culpables son conocidos –afirma– son los militantes de una organización extremista ya prohibida por el Gobierno”.

El caso de Shazia ha sido condenado también por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y por otras organizaciones activas en la sociedad civil, mientras que algunas asociaciones de abogados han defendido a Chaudry Muhammad Neem.