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Libertad Religiosa - Vida pública y creyentes

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La sangre de inocentes misioneros cristianos se derrama sobre las arenas afganas. El mundo lo contempla y bosteza. Naciones Unidas no ofrece nada más que una expresión formal de "preocupación". ¿Dónde está la inquietud global por los abusos de los derechos humanos que se llevan a cabo frente a nuestros ojos?

Durante dos semanas, un grupo de cristianos surcoreanos ha sido mantenido rehén por criminales Talibanes en Afganistán. Este es el mayor grupo de rehenes extranjeros secuestrados en Afganistán desde que la Operación Libertad Duradera comenzase en el 2001. ¿Cuál fue su ofensa? ¿Estaban introduciendo armas de contrabando en el país? No. ¿Estaban incitando a la violencia? No. Eran creyentes pacíficos de Cristo en misiones cortas de tipo humanitario y médico. 17 de los 23 rehenes son mujeres. La mayor parte de ellas son enfermeras que proporcionan ayuda humanitaria y servicios sociales.

A lo largo de los últimos días, los sanguinarios jihadistas han exigido que Corea del Sur retire inmediatamente sus tropas de Oriente Medio, pague un rescate, e intercambie a los civiles misioneros por guerrilleros Talibanes encarcelados. Los líderes Talibanes han cumplido las amenazas de matar a los cristianos secuestrados, mientras que los funcionarios afganos abogan irresponsablemente con que su monstruoso comportamiento es "anti islámico".

Dos hombres, Shim Sung-min, de 29 años, y el pastor Bae Hyeong-gyu, de 42, ya han sido acribillados y abandonados en nombre de Alá. Bae era un padre casado de una hija de nueve años. Según los medios coreanos, procedía de una devota familia cristiana de la provincia isleña de Jeju. Ayudó a fundar la iglesia Saemmul, al sur de Seúl, la cual enviaba los voluntarios a Afganistán.

Por toda Asia, la cobertura mediática es permanente. Extraños han celebrado vigilias nocturnas de oración. Pero el colectivo de los derechos humanos en América ha estado en gran medida desaparecido en combate. Y también la mayor parte de nuestros importantes medios. Entre algunos de la élite secular, sin duda, se da la apatía de culpe a la víctima: los misioneros se merecían lo que recibieron. ¿En qué estaban pensando para llevar su mensaje de fe a una zona de guerra? ¿No sabía que eran patos de feria para los musulmanes cortacabezas, cuya idea de evangelismo es "conviértete o muere"?

Observé que los medios se encogían de hombros con motivo de la fijación jihadista con los misioneros cristianos hace cinco años durante el secuestro y asesinato de los misioneros cristianos americanos Martin y Gracia Burnham, en las Filipinas. El silencio está arraigado en la visión de los cristianos comprometidos como los otros extranjeros. En el mejor de los casos existe una insensibilidad colectiva. En el peor, existe desprecio abierto, desde la alusión de Ted Turner a los católicos como "los frikis de Jesús" hasta el insulto puntual de la productora de la CBS Roxanne Russell al ex candidato presidencial del Partido Republicano Gary Bauer como "el pequeño pirado del grupo cristiano" pasando por la ridiculización de la fe mormona del candidato presidencial Republicano Mitt Romney.

Curiosamente, aquellos que argumentan que necesitamos "comprender" a los terroristas islámicos, manifiestan poco esfuerzo por "comprender" a los misioneros evangélicos cristianos que arriesgan sus vidas por extender la palabra -no mediante la espada, sino a través de actos de compasión, curación y educación. Alrededor de 16.000 trabajadores religiosos coreanos arriesgan sus vidas por todo el mundo- desde África hasta Oriente Medio, China y Corea del Norte.

Éstos son los verdaderos practicantes de una religión de paz, y no los fanáticos del odio con bombas y AK-47 adosados a su pecho, que abren su camino al martirio a través de masacres en lugar de oración.

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