La semana pasada, atentados de bomba contra iglesias de Nigeria y Kenia dejaron un saldo de decenas de muertos. La autoría de los crímenes fue reconocida por organizaciones islamistas radicales.
También desde Egipto, Indonesia y Pakistán llegan frecuentemente noticias sobre violencia entre cristianos y musulmanes. La presión política podría llevar a las autoridades a tomar más medidas de protección.
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